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2 ERRORES por los que las relaciones no funcionan

Autoconocimiento

2 ERRORES por los que las relaciones no funcionan

2 errores en tus relaciones

Quiero ser directo contigo y no me voy a andar con rodeos en este ebook porque mi intención es que sea corto, conciso y directo, de tal manera que salgas tan motivado de aquí que al leerlo te enchufe la energía suficiente para poder aplicar en tus relaciones estos conceptos tan básicos y a la misma vez tan transformadores.

En mi experiencia me di cuenta de que la mayor parte de mis relaciones estaban muy viciadas y que la mayoría de ellas eran tóxicas, entre estas relaciones también incluyo la relación con mi padre y con mi madre, qué aunque duela decirlo eran las más caóticas.

En lo que he podido experimentar me he dado cuenta de que hay dos errores GIGANTES que cometemos todos los seres humanos cuando nos relacionamos con otros seres humanos y son los dos errores que te muestro a continuación.

1º Primero que me comprendan y luego comprenderé.

Existen tantos psicólogos y coach porque los seres humanos no sabemos escuchar, no sabemos permitir que una persona nos cuente una historia que le pueda doler sin interrumpirle e incluso nos cuesta escuchar su punto de vista en silencio si es diferente del nuestro. Estamos constantemente esperando para dar la réplica.

Normalmente estamos escuchando lo que tenemos en la mente en lugar de lo que nos está diciendo la otra persona y en cuanto vemos un hueco en la conversación para meter aquello que pensamos ahí vamos. Está claro que no sabemos todo lo que incluye escuchar a una persona de verdad, no sabemos ponernos en su lugar, empatizar con sus sentimientos y poder escuchar su dolor sin que la otra persona se sienta juzgada o sin darle un consejo con lo que debería o no debería hacer.

EJEMPLO: Pablo acaba de recibir una oferta de trabajo para irse a trabajar a Australia durante un año, se siente muy angustiado y agobiado porque tiene que decidirlo en una semana y para desahogarse un poco ha convocado una reunión con sus amigos en un bar para contarles la situación. Antes de que Pablo termine de contar su situación Juan le dice: “Deberías irte porque es una gran oportunidad” y Pepe le dice: “ yo creo que está muy lejos y no deberías irte”. Al final la conversación derivó en un debate entre Juan y pepe por ver que postura era más correcta y Pablo se fue a casa sin desahogarse con un nudo en el estómago todavía más grande.

Estoy plenamente seguro de que si echas la vista atrás eres capaz de recordar un momento en el que te sentiste como Pablo.

A veces parece de locos pero es increíble escuchar una conversación de lo que se consideran “persona normales”. Cada uno habla más alto que el otro para que se escuche su punto de vista, todos desean ser escuchados y por puro ego pensamos que lo que nosotros tenemos que aportar es lo mejor. Todo el mundo está obcecado en que le comprendan y se suelen decir frases como: “ya pero es que no me comprendes” o “compréndeme por favor”.

Debido a este afán que el ser humano tiene por que le escuchen nuestras relaciones cercanas terminan siendo un desastre. Nos pasamos las conversaciones con nuestros amigos, pareja y familia queriendo que nos comprendan. Tú quieres ser comprendido y el otro quiere ser comprendido, de tal forma que tus esfuerzos se basan más en explicarte y hablar sin parar (a veces también en gritar) que en escuchar a la otra persona y siempre nos surge el pensamiento siguiente: “¿Y A MI QUIEN ME ESCUCHA EH?”

¿Nunca has tenido una conversación con una persona y se te ha quedado el cuerpo raro? Es precisamente porque por mucho que hayáis hablado no os habéis escuchado y la sensación que queda es de “no nos hemos comunicado bien”. Este tipo de situaciones generan un quiero y no puedo que deja una gran sensación de mal estar.

Es hora de enmendar de una vez por todas este error. ¿Quieres que te comprendan? Pues lo primero que hay que hacer es comprender a los demás y esto se hace mediante la escucha empática. La escucha empática no es una técnica milenaria inventada por los discípulos de Buda, es algo terriblemente sencillo y que requiere ganas y fuerza de voluntad por tu parte para dejar de lado tu afán egocéntrico de que te escuchen para poner el foco en ver que necesita la persona que tienes delante.

Escucha empática

La escucha empática se resume básicamente en:

No juzgar ni para bien ni para mal lo que te está diciendo la persona que tienes delante, lo cual te ayuda a mantener una posición neutra y a escuchar todo el discurso.

Mantenerse callado y no interrumpir a la otra persona hasta que no haya acabado de expresarse. Esto te permite estar concentrado y no dar la réplica con lo primero que se te pase por la cabeza.

Evitar los “deberías hacer esto” o los consejos salvo que te los pidan.

Dejar de escuchar tu vocecita mental y centrarte en escuchar a la persona que te está contando el problema.

Comprender y entender la forma de pensar y de actuar de la persona que tienes delante para poder empatizar mucho mejor con sus expresiones y su discurso.

Una vez que comienzas a comprender la forma de la que funcionan las personas que tienes delante te sientes mucho mejor contigo mismo porque comienzas a ser mucho más auténtico y sobre todo le ofreces a los demás algo que es distinto a lo que reciben normalmente.

Fuera lo que van a encontrar va a ser incomprensión, frustración y esa sensación de que sus conversaciones no fluyen (como en el caso de pablo). Cuando hablen contigo lo que van a sentir va a ser aceptación y comprensión.

Por supuesto una vez que escuchas a la otra persona con el corazón y sin juzgarla se crea un ambiente diferente, desde el que puedes expresar lo que sientes no de forma impositiva ni egocéntrica sino de forma genuina ya que una vez que los demás se han sentido escuchados y han recibido ese aire psicológico que nadie les da están dispuestos y preparados para escucharte.

2º La lavandería emocional

Otro error garrafal que cometemos todos los seres humanos en nuestras relaciones es dejar pasar el tiempo y acostumbrarnos a estar con la otra persona por pura costumbre o por pura comodidad y esto es precisamente lo que destruye la relación.

Aunque pueda parecer que no es así esto sucede mucho más de lo que creemos, de hecho, me atrevo a decir que la mayoría de las relaciones están sostenidas por la rutina y el miedo al cambio.

A mí me gusta comparar las relaciones íntimas con la ropa, con nuestras relaciones nuevas ocurre exactamente lo mismo que cuando te compras una prenda nueva. Al principio la camiseta te encanta y huele a nuevo, de hecho cuando te la pones por primera vez puedes sentirte muy cómodo y agusto con esa camiseta. Sin embargo, imagínate que te la pones durante un mes todos los días y no la lavas ¿Te seguirías sintiendo igual de agusto?

Pues bien, con las relaciones pasa exactamente lo mismo, al principio son super bonitas y todo es muy guay y muy chulo, el tema es que con el paso del tiempo comienzan a verse esos “demonios emocionales” que todos tenemos.

Comenzamos a mostrarnos más como somos que como queremos que nos vea la otra persona. De un momento a otro comienza a haber enfados por cosas que antes no ocurrían y te comienzan a molestar cosas que antes no te molestaban. Es en estos momentos donde comienzas a sentirte más irritado y al igual que con la camiseta es donde la relación comienza a “ensuciarse” por el simple paso del tiempo y el “uso”

Cuando era pequeño yo siempre le decía a mi madre: “mamá las demás familias no son como nosotros” y ella me decía: “hijo que sepas que los trapos sucios se lavan en privado”. Con el paso del tiempo he ido entendiendo esta historia y desde luego que estoy de acuerdo con lo que me decía. Si no lavamos nuestros trapos sucios con la otra persona nuestra relación con ella terminará explotando por algún lado.

Por todo esto lo que te propongo es dedicar un día a la semana a hacer una “lavandería emocional” que consiste en apalabrar con la persona en cuestión un encuentro en el que se cree el ambiente necesario donde los dos tengáis claro que se va a hablar de como os encontráis respecto a la relación. Esta atmósfera se puede crear de diferentes maneras, una de ellas puede ser saliendo a cenar a un restaurante que os guste a los dos, en una cena en casa o un paseo por el parque.

Lo más importante de estos encuentros es que tengáis claro que se van a exponer esos trapos sucios que los dos tenéis respecto al otro para trabajar en equipo y lavarlos juntos. Eso si, hay algo que es de vital importancia, las dos o más personas involucradas deben estar de acuerdo en ir a la lavandería emocional, si es algo forzado por una de las partes el resultado es un “Absoluto desastre”.

Haciendo uso de la lavandería emocional podemos prevenir futuros encuentros desagradables pero sobre todo lo que hacemos es ahorrar una gran cantidad de sufrimiento.

Un abrazote.

Manuel Higuera.

3 comentarios

  1. Eiling dice:

    Excelente narración. Gracias por darnos esas herramientas para llevar mejor nuestras relaciones.

  2. Diana Larreal dice:

    Excelente tema y muy sabios consejos la narrativa no lleva al tiempo y espacio de la situación amigo lo felicito me encanto mucho esa lavanderia emocional la pongo siempre en practica pero no le habia puesto nombre le queda excelente . Gracias por compartir su tiempo conocimiento y experiencias .. saludos cordiales ⚘

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